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viernes, 15 de febrero de 2013

De La Locura Y La Lucidez


A finales del siglo XIX se consideraba la locura como un comportamiento que rechazaba las normas establecidas. Con el transcurso de los años este concepto ha evolucionado hasta tener distintas connotaciones. La noción vigente está enlazada a un desequilibrio mental expresado en una percepción distorsionada de la realidad, la pérdida del autocontrol, las alucinaciones y el proceder absurdo o sin motivo.

Todas las sociedades crean paradigmas de conducta. Por lo tanto, quien asume una actuación diferenciada corre el riesgo de ser calificado de “loco”. Lo controversial es cuando ésta denominación se emplea, sin mediar mayor análisis, en cualquier individuo cuya usanza –aunque responda a su criterio y reflexión- contradice los modelos implantados.

En el ameno libro “El espejo del líder”, del catedrático e investigador peruano David Fischman, encontré una encantadora fábula para compartir con usted: “Cuentan que un campesino se enteró de que el río estaba a punto de contaminarse con cierta sustancia que enloquecería a quienes tomaran el agua. Así, el hombre se aprovisionó de agua para subsistir hasta que se descontaminara el río y aconsejó a todo el pueblo que hiciera lo mismo. Sin embargo, nadie lo escuchó. Al poco tiempo, todos sus paisanos se volvieron locos y el único que no se vio afectado fue este campesino. Cuando les contó lo que había sucedido, todos pensaron que el loco era él, porque era el único diferente a los demás. Cansado de su soledad, el campesino bebió finalmente el agua del río, y al volverse loco él también, todos pensaron que se había curado”.

Esta historia muestra como se conceptúa de “loco” a la persona que, como consecuencia de su firme determinación y sólida identidad, se desenvuelve con singularidad en relación al común de sus semejantes. A diferencia de los sujetos carentes de coraje para exhibir lucidez e independencia en sus decisiones, el “loco” ocupa una posición vista como radical o anti sonante.

En mis clases el tema motiva entretenidos comentarios y debates. Desde mi perspectiva, “loco” es un epíteto –en un escenario colmado de dudas, indiferencias y apatías- que no debiera incomodar, ni hacerlo sentir mal a nadie. En infinidad de situaciones cotidianas recomiendo que nuestro proceder sea “loco”. Más aún al resguardar principios y valores. La manera de pensar e intervenir de las masas no implica una acción correcta y conveniente. Estamos acostumbrados a que el prójimo resulte influenciado por una colectividad de seres incultos, manipulados, temerosos, poco ilustrados y renuentes a tomar resoluciones coherentes. No se sorprenda!

Vivimos asediados por mensajes y ejemplos encaminados a la sumisión, a la falta de capacidad crítica, a la aceptación resignada, al deseo de obtener la simpatía de otros, a renunciar a luchar por nuestras atribuciones, a evadir confrontar inmoralidades, infamias y abusos. En síntesis, somos “educados” para salvaguardar el sórdido sistema instaurado y, además, nos agrada practicar ese deporte consistente en diagnosticar los problemas nacionales y esquivar convertirnos en actores del cambio que reclamamos.

A continuación diversas sugerencias para obviar ganarse el apelativo de “loco”. Líbrese de expresar su pensamiento, quédese hipócritamente callado; en reuniones de trabajo guarde conveniente silencio y evite discrepar con sus superiores; no pierda el tiempo enfrentando injusticias y defendiendo sus derechos ciudadanos; condúzcase calculadoramente, recuerde que el “mundo da vueltas”; finja llevarse bien con todos, aún con quienes poseen una trayectoria reprochable; jamás proteste por arbitrariedades, acuérdese que no es saludable ganarse enemigos; hágase el ciego, sordo y mudo ante circunstancias conflictivas en su entorno, sálvese de meterse en líos; obre como los otros y le irá perfecto en un medio tan obsecuente.

De otro lado, este aspecto tiene directa vinculación con la autoestima. Éste es el sentimiento valorativo de nuestro ser, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran la personalidad. La calidad de la autoestima es la responsable de nuestros fracasos y éxitos. Una autoestima adecuada potenciará desplegar saberes y aumentará el nivel de seguridad, mientras la autoestima baja nos enfocará hacia la derrota y la frustración.

Es central la preponderancia de la familia. Muchas veces los padres actúan de manera perjudicial y dejan marcas ocultas que influirán en su supervivencia. Sugiero hacer cuestionamientos constructivos, ejercer actitudes positivas, conducirse en función de sus convicciones, perfeccionar la sensibilidad y la habilidad social y, finalmente, aceptar sus fortalezas y debilidades. La aprobación individual es un punto medular para elevar la autoestima. De allí que, es imperativo robustecer la autoestima con la finalidad de cambiar las conductas gelatinosas y titubeantes que laceran la coexistencia mutua.

Requerimos sublevar el alma de los peruanos y sacudirnos de la sumisión, la indolencia y el conformismo. Demandamos de actos y reacciones imprescindibles –aunque de mal gusto para el “orden social”- si anhelamos forjar una comunidad de hombres y mujeres aptos para afrontar las adversidades de la vida. Afiancemos nuestro destino sobre los cimientos de la libertad a fin de transitar con hidalguía nuestro porvenir.

Confieso ser un “loco” irónico, agudo y feliz de desenvolverme con racionalidad, consecuencia y dignidad en mi vida. Tengo la inusual tranquilidad interior de conducirme en función de mi conciencia, a pesar de más de un mal entendido. No eternamente seremos merecedores de comprensión en nuestro ámbito hogareño o amical.

Sigo persistiendo –con fe, ilusión y alegría interna- en mi afán de enrumbar mi existencia inspirado en los versos del genial español Antonio Machado y Ruiz: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar”. Bienvenida la locura!

Wilfredo Pérez Ruiz

sábado, 2 de febrero de 2013

La Tediosa Rutina Escolar

Vacaciones Inútiles

Colegios sacaplata; malas clases de deporte, de arte; malos profesores; aburrimiento… Las vacaciones de los niños y adolescentes a veces no son las esperadas para ellos (o para sus padres).

Para algunos las clases no terminan en diciembre, y van a clases de verano porque jalaron cursos; otros son obligados a prepararse para el siguiente año y adelantan temas. La carga es menor, pero los chicos o se aburren de las clases o las olvidan y prefieren hacer otra cosa a prestar atención. Hay clases de academia en las que los chicos solo van a hacer vida social y no aprenden ni el nombre de la academia. Recuerdo que mi amigo “se tiraba la pera” y se iba a una cabina de internet, y sus padres ni se enteraban.

Yo tuve clases de dibujo hace dos años. Creí que me fascinarían, pero terminaron también como vacaciones inútiles: el profesor solo nos daba hojas con dibujos para reproducir, mientras él enviaba mensajes desde su Smartphone. Una amiga mía estudiaba en la misma institución que yo, pero un día se escapó y se fue a un centro comercial.

Algunos jóvenes piensan en diciembre “estas vacaciones sí que se serán las mejores”; el resultado es que unos se sobrecargan y otros ni siquiera logran inscribirse en lo que querían y se aburren un montón. Algunos padres piensan “a mi hijo le va a encantar esto”, pero a su hijo no le encanta para nada. Otros padres quieren que sus hijos aprovechen las vacaciones para estudiar más, yo diría más bien, para quemarse el cerebro. Otros quieren pasar más tiempo con sus hijos y acercarse más a ellos mediante actividades que estos no disfrutan. Y otros no los inscriben en ningún curso para que los ayuden en casa.

Las vacaciones pueden no llenar nuestras expectativas cuando uno solo quiere encontrar relajación luego de un año recargado. Después de todo, ciertas actividades que parecen inútiles pueden resultar placenteras cuando lo que necesitamos es descanso.

Por: Erick Garay
Tomado de larepublica.pe

lunes, 21 de enero de 2013

Lance Asrmtrong Se Confiesa Con Oprah

Lance Armstrong revela al fin sus secretos sobre cómo hizo para lograr sus hazañas deportivas.


viernes, 18 de enero de 2013

El Lumpen Político Que Quiere Asaltar Lima


Lima cumple 478 años hoy y no da para celebrar. Estamos en medio de una guerra de insultos, mentiras, artimañas, oscuros personajes y dudosas juntas. La plata y los patas ¿llegan solos? Marco Tulio con el intrigante apoyo del Apra –nadie entiende aún muy bien por qué o para qué se mete Alan García y sus cuarenta discípulos en este pleito por la alcaldía como botín político, o quién sabe, económico–.

Algo más comprensible es la no tan solapa manito que le está prestando el fujimorismo. Ellos son especialistas en torcer la democracia y convertir lo ilegal o inmoral en “aparentemente” legal (firmas falsas, “interpretación auténtica”, linchamiento mediático del enemigo político, etc.).

Es lo que ha sucedido con esta institución de la revocatoria, que es legal pero que se está utilizando con fines ilegales y distintos a los que son su espíritu. No solo sus objetivos son lo que menos le conviene a la ciudad, sino que cada paso del proceso está lleno de irregularidades:

Comprobadas firmas falsas en los planillones, parcialización evidente del JNE (con estrellita aprista en la frente) que apuró la fecha de revocatoria y aceptó a trámite las nuevas firmas de forma extemporánea; huellas dactilares inventadas de una mujer sin brazos, Mariza Fernández, que asegura nunca firmó; firmas de menores de edad, financistas que están muertos o fujimontesinistas involucrados en el sabotaje a la Marcha de los 4 Suyos y la muerte de los 6 vigilantes del Banco de la Nación que los fujimontesinistas incendiaron.

Hay para quienes el fin justifica los medios. No les importa si cometes ilegalidades o atropellos si con ello cumples tu objetivo. Así es la entraña fujimorista y así es la que está demostrando la castañedista y, por asociación, la aprista. Algunos lo llaman pragmatismo, como si fuera algo bueno. Yo lo llamo política sucia, abuso de la democracia y sus instituciones. Violar los procedimientos es violar la institucionalidad de la democracia y torcerla para sus propios fines oscuros, económicos o políticos. Esa es la gente que está detrás de la revocatoria, la que quiere luego sentarse en el sillón municipal, encima, y detrás, de fachada y de caja.

¿Importa que corruptos, inmorales políticos y agrupaciones con dudosos fines promuevan/financien el Sí? Sí. ¿Es suficiente para votar por el No? No. Pero si a esos deshonrosos cuadros les sumamos el pobre argumento de una ineficacia inexistente de la gestión Villarán que se desmiente con cifras, sí importa. Porque entonces la ecuación es: impresentables+falsa denuncia=revocatoria innecesaria, política y perjudicial.

¿Es Susana Villarán ineficiente? No. ¿Podría ser más eficiente? En eso está y dando resultados. El grado de eficiencia actual ¿justifica que sea sacada del cargo antes de la mitad de la gestión? No.

Si estamos hartos de los ladrones que hacen obras y se meten parte de nuestro dinero a sus bolsillos, este el momento de demostrarlo. Susana Villarán es una persona honesta. ¿Nos debe importar tener una autoridad honesta? Sí. ¿Es suficiente para estar en un cargo? No. ¿Aún siendo honesta, deberíamos revocarla? No. Porque además de ser honesta, no es ineficiente como los revocadores han hecho creer con su arremetida mediática.

Revocar a Susana Villarán solo traerá retraso a la ciudad. Tendríamos 3 alcaldes en 4 años y muchas obras e inversiones paradas. ¿Que a Susana le ha faltado astucia y maña política, que le ha tardado remendar errores iniciales, que ha tenido mala suerte y que puede y debe seguir mejorando? Seguro. Y seguro lo hará, si le quitamos de encima a la recua de carroñeros de la política que hoy salivan mientras empujan a esta gestión y, con ella, a toda Lima al despeñadero económico y moral.

Por Claudia Cisneros
Tomado de LaRepublica.pe

miércoles, 2 de enero de 2013

Críticas Al Modelo Educativo Global

El Presidente del 4°F Humanista del Instituto Nacional se salió del libreto e hizo pedazos el cuestionado modelo educativo chileno basado en el lucro y el “éxito” individual, ante el desconcierto de las autoridades presentes. Su valiente intervención es celebrada por los internautas y el discurso se viraliza en las red como el manifiesto de una generación que quiere enterrar las viejas prácticas heredadas de la dictadura y mantenidas por los gobiernos que la sucedieron.


Discurso completo:

Don Jorge Toro Beretta, Rector del Instituto Nacional
Don Raúl Blin Necochea, ViceRector del Instituto Nacional
Doña Carolina Toha Morales, Alcaldesa de la comuna de Santiago
Padres, apoderados, amigos y compañeros
Autoridades Varias y Vagas

Tengan todos ustedes, muy buenos días.

Antes de comenzar a leer estas líneas, con motivo de la Licenciatura de los Cuartos medios 2012, mi generación, me gustaría pedir perdón. Perdón a quienes después de revisar un discurso que yo envíe semanas atras, me autorizaron y dieron la oportunidad de leerlo aquí frente a ustedes. Disculpas porque las páginas que hoy leeré, son distintas a las de ese borrador. De otra forma no me hubieran dejado hacer este discurso. Disculpas y espero puedan entenderme.

Cuando me embarqué en la tarea de hacer un discurso con motivo de la Licenciatura, me encontraba con más dudas que certezas. ¿Qué digo? ¿Cómo, en cinco minutos, resumir mi paso por este colegio? ¿Cómo, en un discurso, intentar plasmar siquiera en su uno por ciento, la gama de sentimientos que poseo hacía El Nacional? ¿Cómo redactar algo, lo suficientemente digno para tan importante día?

En primera instancia, intenté hacer algo similar a los discursos que he escuchado, como presidente de curso, cada diez de agosto, en las ceremonias de aniversario del colegio. Hacer un breve repaso de la historia del colegio. Mi idea era empezar diciendo que el Instituto Nacional fue fundado como una obra del gobierno de José Miguel Carrera en 1813, tras la fusión de las casas de estudio del periodo colonial. Luego, tras la ofensiva de la Corona española por recuperar sus posesiones en América, e identificando al Instituto Nacional como un símbolo de la soberanía y la lucha por la emancipación, deciden clausurarlo. Bernardo O’higgins, cinco años después, con la Independencia ya asegurada, lo reabre para seguir funcionando, sin interrupción, hasta nuestros días.

También pensé recordar que han sido Institutanos, 18 presidentes de la República de Chile. Entre los que destacan nombre como Pedro Aguirre Cerda, José Manuel Balmaceda y, el poco mencionado en los discursos, Salvador Allende.

Pero no. Hoy no vengo a repetir ni recordarles lo que ya todos sabemos. (Para más información leer el artículo del Instituto Nacional en Wikipedia, muy interesante) Ni tampoco vengo a hablar en representación de todos ustedes, ni siquiera represento, como presidente de curso, la voz de mis compañeros. Cosa que no quita, que puedan hacer suyas estas palabras. Así como en la televisión, advierto: Las opiniones vertidas en este discurso no representan necesariamente el sentir de mi curso, familia, amigos ni colegio. Este discurso me represente a mí y solo a mí. Yo soy su único responsable.

Hoy, vengo hablar de aquello que todos como Institutanos callamos. De aquello que la historia oficial prefiere olvidar y dejarlo fuera de lo público. De aquello de lo cual todos somos culpables: las autoridades por ocultarlo bajo el manto de la tradición o el amor a la insignia, los Institutanos fanáticos que avalan y defienden irracionalmente conductas que rozan en lo enfermizo y los Institutanos que reconociendo la enfermedad, no hacemos nada al respecto: ni irnos del colegio, ni intentar cambiar algo.

Cuando entré en séptimo básico y me dijeron que el gran Instituto Nacional llevaba 193 años de vida, saqué la cuenta y pensé que si no repetía ningún año saldría para el aniversario 199. Un año antes del famoso Bicentenario. Hace 6 años me dio tristeza e incluso, un poco en broma un poco en serio, pensé que sería una buena opción repetir para ser parte de la “Generación Bicentenario”. Hoy, con la perspectiva que el tiempo me ha dado, considero como un símbolo de mi paso por este colegio el salir un año antes de la Gran Fiesta: nunca me he sentido lo suficientemente Institutano como para soportar un año entero de chovinismo Institutano. Incluso, fue uno de los argumentos a favor cuando decidí pasar de curso el año pasado, el no estar aquí para el bicentenario. ¿Por qué?

Recuerdo claramente el segundo día de clases del 2007, cuando llegó una profesora, y nos empezó a contar la historia de este colegio, además de decir que del Instituto Nacional han salido 18 Honorables Presidentes De La República, nos comentó que también habían salido de esta institución importantes forjadores de la patria, que cuando nos pasaran Historia de Chile en segundo medio sabríamos. Sin embargo, luego de que en el preuniversitario me pasaran Historia de Chile (en el colegio no la vi más de un mes), reconozco que la profesora obvió el contarnos varios detalles.

Detalles como que entre los 18 presidentes de Chile, no son pocos los que tienen las manos manchadas con sangre de este pueblo. A modo de ejemplo, Institutano fue Pedro Montt Montt, presidente de Chile que dio la orden de asesinar a 3.500 salitreros en el Norte Grande, conocida actualmente como la mayor matanza en la historia de nuestro país (después de los 17 años de dictadura, claro) hablo de La Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique. También a mi profesora se le olvidó mencionar que Institutano fue Germán Riesco Errázuriz, presidente de la República en el periodo del auge de la “Cuestión Social” destacando la matanza a raíz de la Huelga de la Carne, la cual dejó un saldo de más de 300 muertos en las calles del centro de Santiago. Previamente, destacan dos tristes hechos en la historia de Chile en que Institutanos también han sido actores principales. Fue un Institutano Manuel Bulnes Prieto, quien sofocó la Revolución Liberal de la Sociedad de la Igualdad, causando decenas de bajas. Fue Institutano también, Anibal Pinto, presidente de Chile, quien nos condujo a una absurda guerra contra nuestros hermanos peruanos y bolivianos por intereses oligarcas. Esta guerra, la Guerra del Pacífico, causó 3 mil bajas en Chile y más de 10 mil bajas en los países vecinos.

Diego Portales también fue Institutano. Para todo el que sepa un poco de historia, cualquier aproximación resultaría vaga en tratar de explicar las obras de él. Prohibió, so pena de cárcel, el participar en chinganas. Instauró una nueva forma de castigo para los “criminales peligrosos”, azotes públicos. Conocida es su frase: “Palos y bizcochuelos, justa y oportunamente administrados, son los específicos con los que se cura cualquier pueblo, por arraigadas que sean sus malas costumbres.”.

Pero, para terminar con este breve, recorrido histórico por la “Historia no contada” de los ilustres Institutanos, quisiera concluir con un deseo: El próximo año hay elecciones presidenciales. Ojalá el número de presidentes Institutanos no crezca hasta los 19. Me daría vergüenza que Laurence Golborne, un Institutano que hasta hace 3 años era Gerente General de Cencosud, (a saber: Jumbo, Paris, Santa Isabel, Costanera Center, entre otros) consorcio que paga $4.072 de patente al año, fuera presidente de Chile.

Más allá de la falsa historia que nos han intentado vender del Instituto, el principal problema que reconozco además funciona como parte básica, casi como un pilar que sostiene todo este aparataje institucional: los mitos y tradiciones.

Recuerdo cuando mi curso de séptimo básico conoció por boca de un profesor, una famosa frase que terminó dando vueltas por la cabeza de todos mis compañeros: “Errar es humano pero no Institutano” sin tener estudios algunos de pedagogía, ni pretender hacer un análisis psicológico de la educación, me parece que la pregunta cae de cajón: ¿A qué clase de profesor se le puede pasar por la cabeza decirle eso a niños de 12 años? ¿Por qué intentar separar al Instituano del humano común y corriente? ¿Tan inteligentes somos? Luego de vivir 6 años con esa frase, ¿Cómo se le explica a alguien que obtuvo 500 puntos ponderados en la PSU? Y que salió con un NEM y un Ranking por debajo de la media nacional.

Desde el primer día que pisé este colegio, sentí como todos los dardos y las acciones van dirigidas a un solo objetivo: el éxito. El éxito no como un instrumento para un fin mayor y más noble (la felicidad, por ejemplo). Sino como la meta final de la vida. Un éxito aparente eso sí, un éxito centrado sólo en lo económico: ser puntaje nacional, estudiar una carrera tradicional, casarse, escalar lo más alto posible en la empresa, comprarse una camioneta para pegarle la insignia del instituto en el parabrisas. Como dirían los Fabulosos Cadillacs: “En la escuela nos enseñan a memorizar: fecha de batallas pero que poco nos enseñan de amor”. Amor a lo que hacemos, amor al prójimo, amor a la clase o incluso a la humanidad. No, nada de eso. Sólo buenos puntajes para el día de mañana comprarse la camioneta 4×4.

Frases como esas son las que forman el carácter del general del alumno Institutano: petulante, soberbio, chovinista y exitista. Personalmente, no es ningún orgullo ser el colegio más odiado de los “emblemáticos” (y no me trago el cuento que nos decían los profesores que es porque somos los más inteligentes o los con mejores pololas) es porque de una u otra manera de verdad creemos que nosotros no nos equivocamos: porque somos Institutanos.

En este colegio desde que entramos, se nos ha inculcado el valor de la competencia y la discriminación. Las evaluaciones tienen que ser individuales. Para que así, la satisfacción del que se sacó un siete, sea personal. De él solo. Sin embargo en la vida: ¿Qué actividad se puede desempeñar solo? Ninguna. Nos educan en una burbuja idílica.

Cuando miro hacia atrás, pienso: ¿Qué valores aprendí en este colegio? Si todos hemos sido testigos de horrorosas frases estilo: “corran como hombres, no como maricones” “asuman sus consecuencias como machitos” “al colegio se viene solamente a estudiar” o “dejen la población en la casa” ¿Son acaso estas frases las que corresponden a un colegio que se jacta de estar forjado sobre los valores de la ilustración? No lo creo. Apropósito de los mismo, yo personalmente no he sido testigo, y tengo la impresión que es una conducta que va en retirada, pero hasta hace sólo un par de años, era común ver a un respetado y sacralizado profesor de este colegio, echando alumnos de la sala por negro. O suspendiendo aleatoriamente (Hacía formarse a un curso y decía: un, dos, tres: suspendido. Un, dos, tres: suspendido) sólo para demostrar su hipotético poder en este colegio. Ahora bien, de lo que sí he sido testigo, es de tratos abiertamente homofóbicos por parte de profesores hacia compañeros homosexuales: “Este colegio por gente como ustedes está como está, váyanse” y, en la misma línea he sido testigo de de profesores pegándole a compañeros (no combos ni patadas, pero sí empujones)

Estas son algunas de las cosas que hacen que yo no pueda sentirme orgulloso, como me han dicho que tengo que estarlo, de portar esta insignia. No podría sentirme orgulloso de ir en un colegio que la sola idea implica discriminación. Si la educación en Chile fuera buena en todos los establecimientos educacionales ¿Qué motivo habría para la existencia del Instituto Nacional? Ninguna. Si mi antiguo colegio me hubiese ofrecido la misma calidad de enseñanza que el nacional, yo no me hubiera cambiado. Pero me cambié porque no la ofrecía. Entonces, ¿Cómo sentirme orgulloso de haber dejado a 40 ex compañeros pateando piedras en mi ex colegio, para yo venir y “salvarme” de no patear –tantas- piedras? La sola idea suena aberrante.

No puedo dejar de mencionar lo sorprendente que fue para mí ver en la página del preuniversitario Pedro de Valdivia (de los mismos dueños de la Universidad Pedro de Valdivia, la cual tiene preso a su ex rector por el escándalo de las acreditaciones) un aviso que decía que habían firmado un convenio con el Instituto Nacional. El símbolo del lucro en la educación firmando un convenio con el símbolo de la educación pública. Es así como el CEPAIN lleva a la práctica sus comunicados “¿a favor de la educación pública? ¿Quién los autorizó para usar el nombre del colegio, a quién le preguntaron?” Patético.

Para concluir esta katarsis contenida por 6 años, me gustaría compartir con ustedes dos anécdotas que me ocurrieron este año en el colegio.

Corrían los primeros meses del año, cuando equis profesor preguntó en voz alta a todo mi curso: ¿Quién de aquí sabe qué es la comisión Valech o el informe Rettig? Ninguna mano se levantó. Nadie de un cuarto medio humanista del “Mejor colegio de Chile” lo sabía.

Y la segunda, casi en la misma línea: El 11 de Septiembre del año que se va, cayó martes. Día en el cual me tocaba por asignatura Historia electivo e Historia Común. En mi interior, cuando me dirigía al colegio pensé que por lo particular de la fecha, y por ser un curso Humanista usaríamos esas 3 horas para discutir respecto al tema. Craso error. Parece que era más importante las Batallas Napoleónicas en historia común y la Ley de oferta y demanda en historia electivo que las bombas de ruido que se escuchaban explotar en el colegio a esas horas de la mañana. Comentando con unos compañeros en el recreo la situación, recordamos que nunca, en los 6 años que llevamos en el colegio nos pasaron el Golpe de Estado (donde, paradójicamente, murió un Presidente Instituano). Es decir, haciendo el experimento que yo sólo sepa lo que me han pasado en el colegio y nada más, no sabría quién fue Augusto Pinochet en la historia de Chile. Repito: Cuarto medio humanista en el mejor colegio de Chile.

Ahora bien (aquí viene la parte emotiva) no podría ser tan hipócrita de sólo quedarme en la crítica. Digo hipócrita porque yo postulé al nacional porque quise y me quedé aquí también porque quise. Y es porque dentro de todo lo yermo aun existen pequeños oasis fértiles. Profesores en los que se puede confiar una palabra más allá de la materia oficial, profesores que entienden la educación más que como un “motor de asenso social” y que conciben al colegio más que como un preuniversitario de 6 años. Profesores de materias “no-psu” que luchan día a día contra el sistema para darle dignidad a su ramo. Y creo que lo logran, sus ramos son los más dignos de todos. Pedro Lemebel, un escritor chileno en una crónica rememorando sus años en el Liceo Manuel Barros Borgoño lo describe mejor que yo, cito: “Pero rescato de ese liceo, las clases progresistas que me enseñaron política, filosofía, literatura, poesía y otras lecturas más allá del horroroso Quijote en papel de biblia que después me lo fumé entero”. No daré nombres, pues sé como funcionan las cosas en este colegio y no quiero que vinculen a ningún profesor con este discurso, pero estoy seguro que ellos saben quiénes son.

Paradocentes que muchas veces te alegran el día con sus saludos y su disponibilidad desinteresada y casi religiosa para ayudarte. Los tíos auxiliares que a las 7.30 de la mañana cuando llegas a la sala y están sólo ellos barriéndola son tu primer “Buenos Días”, tías del Kiosko que nos prestaban microondas cuando a mitad de año dejaron de funcionar los del casino, y en general toda la gente que te conoce por tu nombre y no por tu apellido o número de lista, a todos ellos: gracias, infinitas gracias y espero no se dejen avasallar, porque sepan que tienen todo en contra.

Sin más que palabras de agradecimiento para, como dije anteriormente, lo fértil dentro de lo yermo, palabras de disculpas a los que me dieron la oportunidad de leer un discurso, palabras de desprecio para quienes hacen de este colegio un preuniversitario de 6 años deshumanizador, les digo a ustedes, compañeros de generación: éxito, pero éxito de verdad, del que incluye felicidad y crecimiento personal.

Y espero que con estas palabras no haya herido su orgullo Institutano, si fuera así, cumpliría mi deseo: “Sólo espero que el día de mi licenciatura, me reciban con gritos de odio”.

Compañeros, hoy, se acabaron los 12 juegos. Muchas gracias

Benjamín Gonzalez, Presidente del 4to F Humanista del Instituto Nacional

Tomado de:

lunes, 10 de diciembre de 2012

Barristas Delincuentes Toman Las Calles De Lima

Pobres transeúntes totalmente impotentes ante el lumpen de la ciudad de Lima que agrede y asalta haciendo parecer a Lima una ciudad del tipo 'sálvese quien pueda'.